viernes, 2 de marzo de 2007

La Criatura


De púber nunca tuve un diario en el que perpetuar mis ilusiones amorosas, aún menos de niño; parece que siempre quise contar las cosas de viva voz... ¡Viva!
Las anotaciones vitales que acerté a escribir o fallé, nunca se sabe, son deslavazados suspirares o inconexas sentencias que penden de cuartillas publicitarias o frágiles servilletas bajo el nombre pulcro y esplendoroso del local, recogiendo quizás aquella tradición tan edificante de los refranes en las cajas de cerillas.
Crean entonces que es para mí un arduo trabajo mantener una cierta continuidad en el devenir de este diario futurista, si bien así corro menor riesgo de que las notas sean más frecuentes que lo reseñable.
Y al caso viene, pues hoy hago noticia de un nacimiento, que siempre fue cosa de alharaca y correvoz. Ocurre, empero, que estos partos artesanísticos suelen ser tediosos en el alumbramiento mismo, teniendo que amansar a la criatura durante algunos meses hasta que se deja arrullar, por fin, en el regazo.
Los que asistieron entonces a estrenar el acontecimiento, y digo asistieron en el sentido más clínico de la palabra, tuvieron en sus manos la génesis del camino que, como es de recibo, ya vuela proa a ninguna parte... y a todas, es preciso decirlo. Incluso aquel padre nervioso y ávido de protagonismo que se templaba a sorbos de licor quiso coger por los pelos al retoño, pero se impuso la mesura.
"Oficio Divino" ya ha emprendido el viaje, eso es lo notable. De las faldas hospitalarias del "Clan Cabaret" parte la senda del caminante de Machado y, tal vez, cuando los pasos del juglar tornen otra vez por el "Circuito de Café Teatro" alicantino volverán a sonar las campanas del monasterio, cantará el monje giróvago su peculiar "Dies Irae", cuentos y romances harán su precisa aparición... todo más divinizado, pero seguirá siendo el mismo oficio.